martes, 12 de agosto de 2008

Cumplir consumarse y volver a nacer

Existía hace algún tiempo, un hombre. Un hombre trabajador, con comodidades, con retos, con tareas, con muchas virtudes y algunos defectos. Un hombre contagiado de la alegria de poder levantarse cada día y sentirse comprometido con algo nuevo para hacer, con algo que lo ayudara a vivir, que le diera sabor, alegrias y amarguras y que lo mantuviera en acción. Un hombre como cualquiera de nosotros. Un hombre, un hombre alentado a vivir por sus tareas, por sus deberes, por el deseo de cumplir con todo.

Aquella mañana despertó (su abuela había fallecido unos meses atrás, y él, como recuerdo último, tal vez como amuleto, tal vez con la idea en la cabeza, tomó de ella un recipiente repleto de pastillas para dormir, pensando tal vez, en que algún día iba a querer dormir para siempre, iba a necesitar dormir y no iba a tener sueño), decidido a llevar acabo su propósito para consigo mismo.

Ese día no había nada que hacer, hacia un sol impresionante, quemaba, nublaba la vista con el brillo que se reflejaba a lo largo de los colores que rodeaban la cuadra vista desde su ventana, había mucho silencio, y lo que le hacia desesperar un poco era pensar en que ya todo estaba cumplido. Su lista de deberes estaba completa, ese día, el hombre no debía ya dinero a nadie, tenia plata, tenia bienes propios, tenia pareja, tenia todo lo que generalmente las personas buscan a lo largo de la vida para sino ser del todo felices, al menos estar lo más cerca posible de la felicidad y la comodidad.

Pero no, no era esto lo que queria el hombre, no era esa su necesidad ni su motor de vida, la lucha, de alguna forma, su lucha y su búsqueda había terminado y todo estaba bien. Ahora debía pensar en otra cosa, en si mismo, en su vida, en su blanca y pacífica vida. ¿Qué iba a hacer? Desarrollar la idea que meses atrás al guardar el recipiente con las pastillas había planteado y tenia en espera. Era el momento perfecto, todo estaba tan bien que nadie notaría su ausencia, que nadie se imaginaría de que un hombre así, pudiera ser capaz de hacer algo semejante. Era tan perfecto, que la única posibilidad para ese día era morir.

En su casa respetaban su espacio desde el momento en que él cerraba la puerta, motivo por el cual siempre echaba llave, sabiendo que nadie iba a entrar para sentirse más cómodo, para no tener que pensar en de pronto tener que pararse y tirar la puerta porque alguien sin querer e inescrupulosamente se atreviera a violentar el margen de lo que era su habitación cerrada. Su espacio propio de él.

Se levantó de su cama y salió a comer alguna cosa. Durante las horas siguientes se dedicó a tomar aspirina para que su sangre se volviera agua, para que pudiera descontrolarse y desbordarse como río crecido en época de invierno. Para que nada pudiera controlar el derrame final, para que nada lo hiciera distraer en su viaje al nuevo mundo, al infinito e inerte negro.

Llego la tarde, y la puesta del sol señalaba la hora del acto. El hombre destapó las pastillas para dormir, y en un banquete de tan solo unos pocos minutos fueron devoradas. Delicioso manjar, que ayudaría a que el viaje al fin fuera más cómodo, menos turbio y de concentración mayor. Así alcanzaría a dialogar con sus más ancestrales espíritus y a calmar a sus más ferozes demonios, para que también en su conciencia estuviese todo terminado también.

Fue larga la espera, la noche ya asomaba las primeras caricias de luna en el pavimento y las ventanas de la cuadra. Iluminaba el rostro del hombre que se sentía muy atraido por ella. Pensó en algún momento que por efecto de su sangre aguada que la luna lograba tal efecto sobre su cuerpo, sobre sus ojos. Casi lograban una unidad completa y no notable a los ojos de nadie.

El sueño comenzó a apoderarse luego de una larga espera causada debido a su insomnio letal, pero por fin todo había dado resultado, solo faltaba el paso final. Así que sacó su barbera y de un manotaso y sedado por el sueño, cortó su brazo.

Ha caido el hombre, en su cama, con su brazo en cascada de sangre, dormido. Ha iniciado el hombre su último viaje, su última tarea, así pues, todo estaría pronto cumplido y culminado.


Pero algo sucedió. Llegaba un amigo a casa de él, un amigo al que había cogido mucho aprecio por como trataba a su mamá, y vió que un gato entró por la ventana del cuarto del hombre. Subió angustiado de que el gato fuera a dañar a su amigo, la puerta estaba con llave y entonces se angustió aún más de pensar que estaba dormido y el gato podria dañar sus cosas o dañarlo a él, se apresuró a abrir la puerta.

Una vez abierta vió lo inesperado. Su compañero, tendido en la cama desangrándose. Lo agarró, lo voltió, intentó reanimarlo, lo cargo y lo llevó hasta la clínica en donde esperaron durante tres días su recuperación. ¿Qué sucedió? ¿Por qué no lo había dejado morir?

El hombre al despertar, comprendió que tal vez no todo estaba cumplido, que tendria nuevos retos en la vida, que posiblemente tuviera que separarse de toda su familia para permitirse soñar y ampliar sus horizontes. El hombre volvió a nacer, pero nunca dejo de pensar que cuando todo estuviese listo nuevamente, lo volvería a intentar. Porque ¿quién sino él tenia derecho de decidir sobre su vida?

Hoy agradece la oportunidad que le fue dada de seguir viviendo, agradece a ese gato del infierno que vino por él por que perdió la partida al ser visto por su amigo. Agradece la posibilidad de nuevas oportunidades, aventuras, amores y amistades. Agradece todo lo que ha perdido, lo que tiene, lo que no, y lo que vendrá. Pero solo él sabe que no se dejara coger ventaja de la muerte, sino que también con ese reto cumplirá.

lunes, 4 de agosto de 2008

Los cinco

INTRO
Todo sucede dentro de la cotidianidad de un grupo de amigos, sus entornos, problemas y alegrías. Sus vidas, dentro de una congestionada ciudad, pero inmensa, en donde los problemas desaparecen en medio de tantas dimensiones y personas, son solo unos más. Cinco, dentro de varios millones de personas.


DÍA 1
Bogotá: en algún bar de la zona rosa de la ciudad, tarde en la noche se encuentra Gerardo con su amigo José Fernando dispuesto a celebrar su cumpleaños, o mejor dicho, a intentar pasarlo por alto como cualquier otro día de fiesta y mucho alcohol, pues siempre dentro de sus amigos se sabía lo doloroso que resultaba para él cumplir años, motivo por el cual había decidido nunca volver a hablar del asunto sino más bien reunirse como un día cualquiera, a hablar, bailar con alguna que otra mujer y embriagarse para luego salir a deambular por las solitarias calles de la ciudad, hasta llegar cada uno a su destino o hasta donde el cuerpo les diera, durmiendo sin ningún problema en medio del frío acostados en algún parque, o en alguna esquina donde la fría brisa se cortara un poco.

Ya dentro del bar con un par de cervezas encima, Antonio llega, y al entrar comienza a buscarlos. Siempre caracterizado por pasar abriéndose campo entre la gente a empujones, mal encarado, pero con una sarcástica sonrisa en su rostro. Finalmente se encuentra con sus dos amigos. Pregunta por Santiago y por Eduardo, pero al parecer nadie tiene razón alguna de ellos, nadie ha hablado con ellos, y ninguno sabe si irán o no. Al parecer, Santiago se encontraba enfermo, motivo suficiente para quedarse en su casa, y mejorarse a punta de ibuprofeno y agua con sal. No se sabía nada más.

Pasó el tiempo, los tres muchachos se quedaron sentados casi toda la noche, únicamente volteaban el cuello para mirar una que otra mujer, y se paraban solo para ir al baño a orinar.

En una de esas largas charlas en la que se veían inmersos muchas veces estos amigos, el ambiente comenzaba a calentarse, los ánimos comenzaban a subir con velocidad y ellos, en vez de pelear entre ellos cruzaban entre sí miradas de odio, y alguno se paraba hacía algo y se ponían a pelear con otra gente igual de borracha y caliente.

José Fernando volteó su mirada a Antonio, lo miró con odio, se levantó de la silla y a una joven que estaba bailando con su novio le metió una palmada en la cola. Dando inicio a un tropel en donde prácticamente todo el mundo terminó involucrado, un caos completo, la pasión de estos jóvenes. Destrucción, botellas rotas, olor a alcohol, sudor. Sangre.

Llega la policía y aprovechando el desorden salen estos tres muchachos despavoridos a correr por las calles para evitar caer presos en la redada policial. Llegan a una tienda compran algo de alcohol se sientan, se sonríen, se abrazan. Hablan, recuerdan lo sucedido, hacen bromas se tambalean, se empiezan a quedar dormidos y Gerardo los invita a su casa para que duerman. Suficiente para la noche. Están exhaustos, extasiados pero el cansancio les gana la batalla…


DÍA 2
…suena el despertador de Eduardo, se levanta de la cama, se fuma un cigarrillo, pone música a todo volumen, se mete a bañar, se arregla, se prepara un sándwich, sale de la casa y se va a la calle. Pide un celular a un ambulante y llama a Gerardo, que se encuentra aún acostado, algo enguayabado y le dice que va para allá con Sandra y Jimena, dos amigas enamoradas pero a las que él nunca les había dado más que una amistad, y alguno que otro polvo de borrachera y arrechera. No más, era muy despreocupado como para enredarse en alguna relación con una vieja.

Finalmente llegan a donde Gerardo, entran, apenas se está terminando de bañar Antonio, los otros dos ya están listos. Llevan un arroz chino y almuerzan todos juntos.

Prenden la TV y ven en el noticiero que en la noche anterior en el sitio donde estuvieron y a raíz de la pelea ocasionada por José Fernando resultaron dos personas en coma y otras tres con cortadas severas en torso, pulmones perforados, y que se encuentran internados en el hospital, en urgencias. Apagan la TV. Nadie menciona nada de lo sucedido, pues ninguno de ellos había sido. Alguno dice: “A todo el mundo le gusta la pelea, pero siempre hay unos a los que se les va la mano y nos hacen quedar mal, como los verdaderos culpables cuando son ellos los que están ahí, esperando que algo pase para volver a todo el mundo mierda, no entienden nada, se creen dueños de la vida, no miden sus daños, nosotros sí”.

Eduardo los mira, les sonríe para relajarlos y les dice: “Menos mal no estábamos todos, ¿se imaginan?”

Se preparan para salir a caminar un poco por la ciudad. Pero Gerardo decide quedarse en casa con Jimena. Los demás salen, quedan de encontrarse nuevamente más tarde, por la noche.

Sandra se va a la casa, pues no se siente bien, está regluda. Antonio, Eduardo y José Fernando se burlan entre ellos. La suben en un taxi y quedan solos. Deciden ir entonces a algún mirador en la ciudad a ver el atardecer. Compran unas cervezas, y comienzan la caminata. Llegan al sitio perfecto. Se sientan sobre una gigantesca piedra…llaman a Gerardo y a Santiago y ambos llegan más tarde juntos al lugar. Bailan, tocan un rato, fuman, beben y bajan. Al bajar se propone hacer alguna cosa, pero parece que los ánimos no están para rumba, así que Gerardo se va, José Fernando también, Antonio recibe una llamada de una amiga y parte a casa de ella. Dice que hay una fiesta, Eduardo y Santiago dicen que van a dar una vuelta y que llegan después.

Dentro del grupo los más unidos y confidentes de los cinco habían sido siempre Eduardo y Santiago, terminan metidos en un bar tranquilo hablando y tomando cerveza. Mientras les sirven más, Santiago comenta a Eduardo que está cansado de vivir, que no sabe qué hacer con su vida, que quiere desaparecer. Eduardo, con su serenidad de siempre pero revuelto por dentro le dice que él no es nadie para ayudarlo a tomar ese tipo de decisiones pero que creía que no era lo correcto. Y que sin embargo no se sintiera mal por eso y que mucho menos pensara en esas cosas estando con tragos en la cabeza. Terminan, y deciden ir a casa de la amiga de Antonio a pasar un rato y despejar un poco la mente, también a comer lo que puedan de la nevera.

Una vez en el lugar, Eduardo apenas puede comenta la situación de Santiago a Antonio, pero este no le para muchas bolas, solo cuando la gente comienza a irse y quedan pocos se le acerca a Santiago, le da un beso en la mejilla, un abrazo y le recuerda que la vida es para pasarla bien, que no se desgaste pensando cosas que no son, y que más bien aproveche los buenos momentos y las buenas oportunidades que tiene, él lo mira con cierta melancolía y le regresa el abrazo. Comenta la amiga de Antonio “estos tipos se adoran como nadie en el mundo”.

PERO PRONTO COMIENZA EL DESMORONAMIENTO DEL GRUPO, DE CINCO MUCHACHOS QUE CRECIERON JUNTOS Y TODA UNA VIDA LA SINTIERON COMO HERMANOS, ERAN MAS SANGRE QUE PADRE E HIJO, ESTABAN MAS UNIDOS QUE MUCHOS MATRIMONIOS.

Termina la reunión, Antonio se queda en casa de su amiga esa noche, Eduardo se va a casa de Santiago con él, pues no quiere dejarlo solo. Se acuestan a dormir, pero Santiago no logra conciliar el sueño. Se monta sobre Eduardo, lo despierta, cuando este abre los ojos, nota que Santiago tiene un revolver en su cabeza, lo mira con odio, y le dice, hermano, lo amo, hasta acá fue. Presiona el gatillo, Sangre, éxtasis. Dolor, muerte.

Cae un fuerte aguacero, Eduardo no sabe qué hacer, dura unos segundos con el cuerpo de Santiago sobre él, luego reacciona, lo empuja y trata de reanimarlo, no puede, sale despavorido por la calle, llueve torrencialmente, llega a casa de Gerardo muy angustiado, le cuenta lo sucedido. Llaman a Antonio pero este no responde. Y regresan al apartamento de Santiago donde se encuentran con José Fernando. Todos contemplan el cuerpo del amigo fallecido, llaman una ambulancia. Eduardo está en shock. Consigue pastillas para dormir, las pasa con un poco de alcohol y se duerme. Gerardo y José Fernando lloran. Se quedan los tres, se llevan el cuerpo del amigo…


DÍA 3
Antonio entra a patadas al apartamento de Santiago y encuentra a sus tres amigos tendidos en el suelo, mirando al techo. Eduardo sigue sin reaccionar, agarra a todos e intenta ponerse al tanto de la situación que parece no asimilar tampoco.

(Eduardo no entiende cómo pasó todo. Como él, quedándose con su amigo no fue capaz de hacer nada, de salvarlo, de evitar lo sucedido, se culpa de todo).

Mientras Gerardo, José Fernando y Antonio hablan de lo sucedido y se duelen mutuamente, Eduardo se pone de pie, se dirige hacia la puerta, Antonio trata de detenerlo pero es detenido antes por Gerardo, y sale.

Agarra el carro y se va desputado por la vía más desocupada que encuentra, dando, gritos, alaridos, llorando, sin pensar ni medir la velocidad, hasta que se detiene cierra los ojos, recuerda momentos…

…se encuentran nuevamente esa noche, en la sala de velación. Todos se encuentran muy tristes, pero Eduardo está enloquecido. Llega sin arreglarse y en un estado que pone a todo a sus amigos alerta, casi que no logra tenerse de la borrachera. Viendo esto y angustiados, deciden darle un poco de perico para que disimule un poco la situación. Par pases, se dirige al ataúd de su amigo, lo contempla unos minutos, tiene por un momento una visión, es algo que es tan palpable que no puede ser una simple alucinación, el cadáver le habla y él a este, se despiden, pero Santiago le advierte que pronto se volverán a ver. Se da la vuelta, mira a sus amigos, y se va. Nadie le dice nada ni intenta detenerlo.


DÍA 7
Los cuatro amigos se encuentran contemplando la tumba de su amigo muerto. Van comen algo, todos muy callados, aún muy incrédulos de lo sucedido. Van a un bar de la ciudad, toman mucho, a duras penas se pueden tener. José Fernando y Antonio deciden irse a caminar, pero Gerardo y Eduardo se quedan en el bar.

En la calle se encuentran con unos tipos que los van a robar pero les pelean. Los ladrones sacan puñal. Apuñalan a ambos. Antonio muere al instante y José Fernando alcanza a ponerse de pie, contemplar a su amigo y colapsar junto a él.

Ya es mucho el perico que se han metido Eduardo y Gerardo, no se sienten bien pero sin embargo siguen tomando. En casa de Gerardo, Eduardo saca un poco de heroína que desde la muerte de Santiago estaba consumiendo. Le ofrece un poco a Gerardo, y se inyecta, tanto que luego de una serie de alucinaciones, le llega una sobredosis y muere.


DÍA 8
Gerardo despierta en el hospital, no sabe que sus amigos han muerto y no se le da oportunidad de saberlo, pues llega una terapeuta a ofrecerle tratamiento en un centro de rehabilitación fuera de la ciudad. Lo montan en un bus…
…se lo llevan lejos de todo, el logra escapar. Y termina en la playa, se queda viviendo con una mujer que le encanta y con la que tiene hijos, no se mueve del mar, fuma porro y contemplando la inmensidad del mar, recuerda a sus amigos y los siente con él. Vivos.

miércoles, 16 de julio de 2008

¿Qué es la celebración del orgullo gay?



Aprovechando que ha pasado un poco el alboroto por el día del orgullo gay, y antes de la marcha del 20 de Julio tengo un par de cosas que comentar, porque me dan y me dan vueltas en la cabeza, y por favor, no esperen ningún tipo de orden esquemático ni nada por el estilo, aunque si me gustaria hacerme entender en el presente escrito.

Todo comenzó como un día cualquiera, la verdad nunca me ha llamado la atención asistir a ese tipo de eventos donde hay mucha gente supuestamente reunida con un mismo fin, pero algo sucedió ese día, tal vez el buen clima que ya hacía falta en la ciudad luego de una semana horriblemente lluviosa. El sol se hacía notar como es extraño en Bogotá, quemaba y tenia pensado ir a montar un rato al parque nacional con un par de amigos, entonces me desperté llamé a mis compadres pero todos tenian algo programado y me ví en aprietos porque la idea de montar había sido cancelada, me bañé, agarré mi cámara y sin desayunar ni nada por el estilo, cogí un bus que me llevara hasta el parque nacional.

Iba algo nervioso, pensé que llegaria tarde y que ya no iba a conocer nada del desfile del orgullo gay, pero llegué muy rápido para lo que esperaba pues la ciclovía terminó apenas cogí el bus y la calle estaba muy vacía, casi sin carros. No pude evitar al subirme al bus, a pesar de llevar puestos mis audífonos, la presencia de unos seis tipos, no habían mujeres, y todo el camino me fuí pendiente de ellos, no sabía si iban o no al parque nacional porque yo me bajé en una bomba que hay entre la Universidad Javeriana y el parque.

Al llegar, me sentí un poco aturdido por la presencia de tanta gente. Estaba esperando a que Thorin llegara, pues habíamos quedado de encontrarnos en una esquina diagonal al parque. Lo llamé y lo llamé varias veces porque no me contestaba y ya me estaba angustiando. Pero la verdad no me queria ir de allí. Fuí me tomé una avena y un jugo para no desmayarme, y volví a la esquina a seguir la angustiante espera.

Finalmente a unos tres metros (perdón que soy muy ciego) ví a Thorin, acercándose a mí, me sentí tranquilo, de alguna forma respaldado. Estaba muy nervioso, y ansioso pero también me sentía contento y maravillado. No podia evitarlo.

Nos quedamos parados un rato, y pasó un tipo regalando manillas de arcoiris de bogotá-gay. Vimos pasar las carrozas y nos adentramos atrás de la Teatrón dando inicio a una fiesta que sinceramente no me esperaba. En el camino nos encontramos con Joey y sus amigos, y con Joker, recogimos a un amigo de Thorin y a Jorge Luis, un amigo mío que también iba acompañado. No pude evitar sentirme, antes de llegar a la plaza y dar por concluida la parranda, muy observado al ingresar en las estrechas calles del centro de la ciudad, y bastante incómodo y de alguna forma desnudo. Opté por caminar por el andén derecho junto al desfile.

Llegamos a la plaza de Bolívar, y comenzó mi evaluación de lo que había sido el día.

Lastimosamente creo que dentro de la comunidad gay (sí, comunidad gay, se supone que acá se incluyen todos los discriminados de alguna forma por su condición sexual, así que al bisexual o gay que venga a decirme que me faltó meter a los ABCDEFGHIJKLMNÑOPQRSTUVWXYZ que mejor cierre ya el navegador y no siga leyendo, y vaya y cree su día del "orgullo travestis de pelo verde" y siga fomentando esta farsa), día a día siento que se fragmenta y se divide más debido a la gran aparición de distintos "partidos" que dicen apoyar la causa. Sinceramente creo que las intervensiones de gente del partido rosa sobran, por citar un ejemplo, y las intervensiones de todos aquellos que se paran a decir, "nosotros somos bisexuales, vamos para adelante bisexuales!", también. ¿Cómo es posible que ante un desfile, una fiesta, se pare gente tan estúpida en una tarima a hablar pendejadas de cómo tiene que ser tratado su pequeño género dentro de una comunidad que se supone que está toda ahí por un mismo motivo? Me opongo!

Esto creo que no es lo que se espera, sí, que el día es conmemorando un suceso trágico pero festejando debido al impulso que generó pero ¿entonces por qué untarlo de todo menos de eso?

¿De cuando acá se convirtió en una marcha más? Mis disculpas a la gente de Colombia Diversa pero creo que con su reseña de la "Marcha y de los Marchantes" la cagaron, por escritos como ese es que en El Tiempo lo único que dice es "Los LGBT salieron a marchar por los secuestrados" ¿Qué es esta mierda? ¿No se dan cuenta que se está volviendo un espectáculo político del cual somos los gays lo que estamos siendo excluidos pero seguimos dándole gusto a toda esta partida de hijueputas? Me excusan, pero sinceramente Colombia Diversa se me fue al piso, por comentarios como los que ellos escriben en su página, la gente aprovecha y hace de un desfile un show y un espectáculo de seres abominables que un día al año salen a hacer el ridículo y ni hablar de El Tiempo, el artículo que ellos querían escribir era el de "Tragedia gay: Un homofóbico sacó un armá y mató centenares de hombres y mujeres que marchaban por las calles de Bogotá", pendejos.

Entre sus artículos encontré este párrafo:"Entre los consultados que hacían parte de la marcha, se observaron respuestas muy diferentes sobre sus motivaciones para estar en el evento: desde los que reconocían su papel como sujetos sociales y políticos portadores de derechos humanos, hasta los que hablaban de la situación del país y la necesidad de exigir el fin de la guerra y la liberación de los secuestrados, especialmente." http://www.colombiadiversa.org No, no y no! Y por cierto, creo que les hizo falta preguntar a gente heterosexual, y a gente que no estuviera de acuerdo con la "marcha".




No es una marcha!!!




Desfile - Día del orgullo gay!! ORGULLO GAY, no polo rosa, ni Ingrid porque lo que pasa con este tipo de publicidad es que precisamente la esencia se pierde. No es una marcha, se sale a las calles ese día a celebrar que somos gays, a tomarnos la ciudad sin importar quien vea o quién no, sin importar quién asiste y quién no, no podemos salir a propiciar algo que ni siquiera entre nosotros podemos manejar.

Las cosas por su nombre y el día del orgullo gay debe ser una celebración. ¿Con qué se van a encontrar las nuevas generaciones asistentes al desfile? Llegará el momento en que eso va a parecer un estadio, cada uno con su equipo. Y ante un espacio dado para hacernos sentir y promover el respeto, lo único que estamos haciendo y demostrando ante todos es como desde adentro parecemos estarnos acabando. Implosión, caos, hecatombe gay!

Así que les recomiendo, como celebración se debe celebrar, se debe estar contentos, pasar un buen rato, y no armar tropeles en la plaza porque hay heterosexuales, o porque se pelearon unos travestis, o porque unas lesbianas se apoderaron de un baño. No. Hay que pasar un rato ameno, hay que desfilar por las calles y que la gente se muerda los codos de ver que como comunidad y a pesar de todos los conflictos estamos unidos, y no que les estamos dando gusto a todos aquellos que se burlan de este especial día, armando mierderos entre nosotros mismos.

Para las próximas ocasiones. Para las nuevas "generaciones", por favor, es una celebración, vayan a pasar un buen rato, a tomarse unos tragos ¿por qué no? según Colombia Diversa el problema fue el alcohol en la plaza. Cada quién sabe hasta donde se lleva, cada quién debe salir con responsabilidad y autonomía a celebrar.

Luego de estar en la plaza, y del agotador día porque hizo un sol bárbaro, buscamos algo de comer antes de que el Joker se nos desmayara del hambre, por cierto, este tipo se la gozó con toda a pesar de tener una gripa de los mil diablos, qué buena energía la de este hombre! Quedé impresionado. Fuimos comimos, Jorge Luis, mi amigo se fue a casa. Y nosotros terminamos tomando cerveza en Leo's que por cierto es un bar muy chevere.

Así se pasó la celebración, terminamos bailando, brindando, cantando y tomando fotos y contentos, creo yo, que además de ser ese día, por salir a marchar como gays independientes y no como parte de un grupo dentro del grupo. A pesar de todas las críticas que he hecho, estuve muy contento, sino preguntadle a mis acompañantes.

Ahora sí, vamos gays independientes a por ellos!!!

Entre mis amigos y compañeros escuché comentarios que hablaban de la masiva asistencia a la celebración, pero también escuché comentarios criticando la falta de carrozas y los malos vestidos de las doñas damas. Yo no sé, era la primera vez que iba, pasé un rato muy agradable, y lástima que la esencia parezca estar perdiéndose, ojalá no la dejemos morir que esto no es Millonarios vs. Nacional. Ojalá sea más fuerte la unión por un mismo motivo que el deseo de asistir para defender un objetivo propio y farandulear por encima de todos los demás, a ver quién se echa un carretazo más bonito, a ver a quién aplauden más.

Nada, pongan a bailar a unos tipos en la tarima y música a todo volumen, a ver si algún día el presidente se anima a salir y bailar un rato, el pobre debe estar mamado que solo le llegan MARCHAS a la casa!

Quedé impresionado de ver a los travestis caminando por la ciudad en la noche, en el centro.

miércoles, 2 de abril de 2008

Un paseo no planeado: Al mar!

Lo mejor de salir de paseo sin ningún tipo de programa o itinerario consiste en el riesgo a terminar en lugares jamás pensados y con gente inimaginada, y de todas formas, las cosas planeadas crean falsas expectativas y nunca salen como se espera.

Don Jaime y Don Raúl son una pareja común y corriente que un día cualquiera fueron atacados con la idea de irse a viejar por Europa. Dejando todo a un lado, empacaron las maletas y emprendieron la travesía hacia el desconocido y lejano continente. Finalizaron el viaje, pasearon, compraron, comieron y se gastaron hasta la última moneda escondida en lo más profundo de sus bolsillos. Quedaron literalmente en ceros.

A su regreso a Colombia y motivados por una pasión mutua, decidieron olvidar cualquier tipo de labor pasada para dedicarse al turismo en un lugar semi virgen ubicado en una isla a mas o menos veinte minutos en lancha desde el muelle de Buenaventura. Una isla llamada Piangüita.

Construyeron una cabaña con sus camas, sus luces, sus ventiladores, su baño y sus decoraciones respectivas y se instalaron en la isla esperando por alguien que fuera capaz de llegar a aquel desconocido y solitario lugar. Colocaron, junto a la cabaña una cocina para preparar comida y deleitar los paladares de los que allí fueran a dormir. Pero como el turismo no era algo frecuente en la isla, iban únicamente cuando era temporada vacacional (alta) únicamente.

Así comenzaron un nuevo episodio en sus vidas. De ceros, rompieron con la tradición ciudadana donde la prosperidad y el éxito están supuestamente en las grandes y "evolucionadas" ciudades. Decididos a recibir y atender gente desconocida, a alimentarse de la constante restauración del espíritu que el mar brindaba a ellos.

Aproximadamente a quince horas de Piangüita, en Bogotá, dos rolos con ganas de paseo, emprendían un viaje hacia Cali, sin nada más en mente pero dispuestos a estar lejos de la capital por unos días.

Rodrigo y Eduardo llevaban un mes pensando en programar alguna salida para semana santa. Algo que les permitiera abstraerse del entorno que se había vuelto algo asfixiante, algo que brindara un poco de unión e intimidad que en la capital era imposible tener por motivos de fuerza mayor: trabajos, academias y "familias" de por medio. Bastante frustrante, castrante y sobre todo agotador.

Ansiosos, contentos y muy nerviosos, por la locura cometida y no terminada, se desplazaban por la carretera en medio de una noche tranquila, despejada y fría. Helada en un momento, perfecta para estar metidos en la cama arrunchados. Pero no, ellos ya habían estado en cama ese día, reposando algo por la tarde, para arrancar por la noche y aprovecharla de otra forma. Hubo parada a comer, a echar gasolina y el camino continuó. A las 6:00am estaban en Cali, y Rodrigo enfermo de fatiga y sueño, invitó a Eduardo a desayunar con avena deliciosa.

Rendidos, tras la noche de viaje, buscaron con urgencia algún lugar para poder dormir hasta el medio día y recuperar el sueño atrasado. Llegaron a una casa muy simpática de color verdoso algo desteñido y claro, pagaron el día de hospedaje, de parqueadero y luego de una fría y refrescante ducha, durmieron hasta la 1:00pm para salir, muertos del hambre a buscar algo que almorzar. Hasta el momento, todo había salido muy bien, y continuó así. El almuerzo estuvo exquisito, apanado, una de las tantas debilidades de Eduardo en cuanto a comida se refiere, y lo mejor de todo, económico. Fueron a Chipichape a caminar y reposar un poco, comieron helado, caminaron muy atentos por todo el centro comercial y luego emprendieron un recorrido por las calles del centro de Cali, luego comieron algo sencillo, tomaron un poco de ron, Eduardo unas cervezas y a dormir fueron, pues habían quedado al día siguiente de salir temprano hacia Buenaventura, que estaba a dos horas de Cali para encontrar un nuevo destino y visitar el mar que tanto anhelaban, además de conocer un sitio nuevo para ambos, salir de las ciudades por completo, darse un tiempo de relajación pura alimentado por la música de las olas. La noche estuvo bastante agitada y se durmió poco, motivo por el cual salieron no temprano sino al medio día pasado, en busca del mar.

La carretera espectacular, espesa y húmeda con desbordante energía proveniente de la selva, con mucha lluvia, mucho calor y muy poco tráfico. Y ya una vez en Buenaventura, con el carro finalmente guardado, se embarcaron por el muelle hacia la lancha que los llevaria luego de mirar la larga lista de playas del sector hacia Piangüita. Playa elegida.

Recibidos muy cálidamente por los habitantes de esta, uno de los muchachos que ayudaban a bajar el equipaje de las lanchas les presentó a un señor que cordialmente los invitó a mirar un lugar donde podían hospedarse: Don Jaime. Como no tenian nada programado accedieron sin mayor importancia a visitar una cabaña que resultó siendo la más bonita y cómoda en la isla. Con el temor de ser rechazados, claro, pero todo estaba muy tranquilo.

Una cabaña decorada por todas partes, con cuadros, antigüedades y adornos hasta en el techo, estupenda, bellísima, de la cual fue imposible salir, sin antes dar un sí al señor que los había llevado hasta allá.

La cabaña y el lugar gustó tanto, que decidieron quedarse un día más. Recibieron la atención que no recibieron en Medellin por ser una pareja del mismo sexo, encontraron amabilidad hasta en las personas residentes de la playa. Todos de una apertura y una despreocupación inmensa, todos alegres.

Finalmente el día que decidieron viajar, Don Raúl se presentó. Deliciosa cocina, muy atentos y tranquilos, hablaron un par de cosas, no existió hielo por ninguna parte, les guardaron un momento el equipaje, dieron otra vuelta por la playa y comenzaron el regreso a Bogotá. Ya no por Cali, por Buga.